Clarin – La crisis del séptimo año

Lic. Kersz en Clarin

Lic. Kersz en Clarin

El Diario Clarin publicó una nueva nota para la sección Entremujeres donde conversamos respecto a la crisis del séptimo año.

La nota completa en este link de Clarín https://www.clarin.com/entremujeres/pareja/existe-crisis-septimo-ano-parejas_0_ryDucR_pG.amp.html o acá, a continuación:

¿Existe la crisis del séptimo año en las parejas?

Muchos matrimonios dicen pasar un momento difícil al pisar el septenio.

A los siete años la pareja podría evaluar si renovar su matrimonio o separarse.

Hace algunos años atrás una funcionaria de Alemania propuso que, al igual que cualquier producto del supermercado, el matrimonio también tuviese fecha de vencimiento: a los siete años la pareja podría evaluar si renovar su matrimonio o separarse en buenos términos, dando entidad así a uno de los grandes mitos vinculares: la comezón o la crisis del séptimo año.

El siete resulta un número llamativo para algunas tradiciones: ¿señala un fin de ciclo? Muchas personas aseguran que a los siete años de pareja atravesaron una gran crisis o se separaron. ¿Cómo poner estas experiencias en duda?

Pero tal vez no se trata de pensar los siete años como un número literal, sino de representarnos lo que sucede después de mucho tiempo de estar juntos, construyendo día tras día una relación, un vínculo, juntando la historia de ambos para formar un “nosotros”. Lo que nos une va cambiando.

Las etapas de la relación

Un cuento de Disney

Los arranques son mágicos. Cuando recién nos conocemos, estamos en un estado ideal. Este sentimiento de completud, de que no habrá nadie en el mundo igual a mi pareja, es -afortunadamente- transitorio. Reina la idealización y la proyección de sentimientos positivos… Pero no es real: nos olvidamos de ver los defectos, la realidad del otro, no enfocamos en las diferencias que tenemos y desdibujamos cualquier atisbo propio que pueda no complacer al otro (tampoco nosotros nos mostramos reales y genuinos en un cien por ciento).

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Esta etapa inicial de fusión y simbiosis abre paso, con el tiempo, a la siguiente, de diferenciación, donde comenzamos a mostrarnos más reales y con más naturalidad. Podemos, sin temor, enfocar la mirada en las diferencias y ¡hasta reírnos de lo que antes nos parecía hermoso e increíble! En esta etapa es donde aparece el amor real, el verdadero. El enamoramiento es un momento maravilloso, teñido por la fantasía y salpicado por la idealización profunda de la otra persona. Pero el amor real es el que permite entender lo que verdaderamente está pasando, lidiar con las diferencias y enriquecernos en ese debate respecto a lo que cada uno quiere y espera de su proyecto de vida en común.

Muchas veces en esta etapa aparecen reclamos respecto a lo que uno de los dos hacía y al otro le fascinaba… Y ya no resulta tan funcional.

Carolina, una paciente de 32 años, lo dice con claridad: “Él era el hombre ideal para mí, todo era perfecto, prácticamente sentía que hablábamos el mismo idioma. A mí me encantaba cuando tocaba la guitarra, sentía que cada nota era exactamente la que tenía que sonar, era increíble. Con el tiempo empecé a notar que cada vez que llegaba más tarde a nuestras citas por quedarse ensayando, y al año de estar juntos, cuando estábamos en reuniones de amigos, él solamente tocaba la guitarra sin interactuar con nadie y me enojaba muchísimo. He pasado días sin dirigirle la palabra… hasta que nos separamos”.

El momento de la verdad (o de la desilusión)

Las expectativas que volcamos en la pareja tienen que ver, entre otras cosas, con lo que esperamos que suceda en la relación, con los propios ideales de lo que creemos, sentimos y pensamos que debe ser.

Las grandes crisis llegan, muchas veces, cuando aparecen situaciones contrarias a lo que esperábamos del otro (aunque el otro nunca lo supo). Por ejemplo, después de seis años juntos habían recibido con mucha felicidad la llegada de su primer hijo. El bebé tenía dos meses y medio y ella esperaba que él colaborara con las tareas de la casa mientras amamantaba. En vez de decírselo, agotada por la demanda full time, terminaba discutiendo con él y criticando que estuviese todo el día afuera de casa trabajando. Afortunadamente pudieron verlo a tiempo y entender que lo que realmente necesitaba ella era que él pudiese estar más atento a las cosas de la casa, y que la crítica hacia el trabajo era su forma más fácil de atacar un punto débil.

No es la misma crisis la que atraviesa una pareja de recién casados, que las dificultades de una pareja a la que le acaban de aprobar un crédito bancario para acceder a su primera vivienda, que las tensiones que pueden darse por el nacimiento y la crianza de un hijo, las fricciones producidas por la salida de los hijos del hogar, o las relacionadas con infidelidades o falta de deseo sexual.

Los posibles disparadores de una crisis “del séptimo año”

– Infidelidades

– Aburrimiento

– Desinterés

– Apatía

– Falta de temas de conversación

– Enfermedades

– Dificultades con la crianza de los hijos

– Falta de deseo sexual

– Mala relación familiar (suegros, tíos, conflictos con la familia de origen)

– Pérdida de confianza en el otro

Y la lista sigue… Estos son sólo algunos de los motivos de consulta más frecuentes que recibo en el consultorio de terapia de pareja y sexología

Tips para evitar la crisis… de todos los días

* Interesarnos. El gran antídoto contra el desdén y la indiferencia es escuchar al otro, mostrarnos interesados en su día a día, saber los nombres de las personas con las que trabaja, conocer su rutina, sus intereses, sus anhelos.

* Ser cariñosos y demostrativos. Una verdadera inyección de afecto genera una unión única en la pareja.

* Mejorar la calidad de la vida sexual. Mientras tenemos relaciones sexuales se libera endorfina, oxitocina, testosterona… Un verdadero tsunami hormonal, emocional y vincular que nos permite conectarnos con el otro de una manera profunda y única.

* Entender. No existe la pareja perfecta, ni el hombre ideal, ni la mujer de tus sueños. Somos imperfectos, reales y nos equivocamos. Aceptar y entender que somos humanos y no robots también va a ayudar a comprender diferencias y tolerar mejor los errores. Hay que saber pedir perdón… Y perdonar también.

Por la licenciada Mariana Kersz, psicóloga, sexóloga y directora de Clínica De Parejas.

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